Como el suelo, por rico que sea, no puede dar fruto si no se cultiva, la mente sin cultivo tampoco puede producir. –Séneca
Cuando un árbol comienza a germinar, es porque ha pasado todo un proceso desde el momento en que se sembraron las semillas, hasta que da sus frutos. Necesita de agua, sol, cuidados y al igual que las personas, mucho amor. Algunos sobreviven a tempestades, lluvia extrema, tormentas, inundaciones, sequías, al final el árbol más fuerte sobrevive y fructifica. Somos en cierta manera parecidos a los árboles. Algunas personas atraviesan por duras pruebas y aún así son capaces de levantarse. A otras se les hace mucho más difícil el proceso, porque quizás no tienen las herramientas o la ayuda necesarias. La manera en que afrontamos la adversidad tiene mucho que ver con la actitud y lo que ponemos en nuestra mente. Así como los arboles, la mente también hay que cultivarla, nutrirla, dedicarle tiempo. Una mente positiva siempre tendrá más probabilidad de dar mejores frutos.
“Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos”. –Génesis 28:3 (RV196O)
Gloria Teresa

