Triunfaré en medio de mis pruebas, manteniéndome estable. Continuaré caminando en el fruto del Espíritu: El amor. –Joyce Meyer
El triunfo es un signo de alegría cuando todo marcha bien. Mas, ¿cómo podemos alcanzar la victoria cuando estamos en medio de pruebas? La respuesta es sencilla, aferrándonos muy fuerte a Dios, a su Divina Misericordia y a sus promesas. La palabra de Dios es un bálsamo, nos conforta, nos llena de paz y nos da vida. Ante el dolor podemos reaccionar de tal o cual manera, la decisión es nuestra. ¿Nuestra?, sí nuestra, porque nosotros mismos tenemos la autoridad de elegir cómo sentirnos. Del mismo modo podemos elegir ser vencedores en vez de vencidos. Cuando estés pasando por un mal momento, ora y deja que el Señor manifieste todo su poder, haciendo tuyo este versículo que el Señor te muestra en su Palabra, «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad». (2 Corintios:12-9). Decide triunfar cada día. -Gloria Teresa
“No hay duda de que la verdad revelada de nuestra religión es algo muy grande: Cristo se manifestó en su condición de hombre, triunfó en su condición de espíritu y fue visto por los ángeles. Fue anunciado a las naciones, creído en el mundo y recibido en la Gloria”. –1 Timoteo 3:16

