No eres más porque te alaben, ni menos porque te critiquen; lo que eres delante de Dios, eso eres y nada más. –Thomas De Kempis
Alabar a otra persona es sinónimo de halago o elogio, sin embargo el ‘alabando’ de esta publicación se refiere a la manera de exaltar y glorificar a Dios. La alabanza expresa nuestro agradecimiento por todos los dones que el Señor nos ha brindado tanto espirituales como materiales. Asimismo, manifiesta nuestro fervor y comunión y nos acerca más a Él. La alabanza es una forma de expresión a través de la música, cuando alabamos también oramos. Existen infinidad de motivos por los cuales alabamos a Dios y podemos hacerlo de diferentes maneras, a través de nuestra oración, con nuestras mentes, con el corazón, con nuestros cuerpos (cuando danzamos en adoración a Él), y también con nuestras buenas obras. La alabanza hace que el poder de Dios se manifieste en nosotros, nos produce gozo y paz, renueva nuestro espíritu y nos transforma. Cada uno de nosotros hemos experimentado la manifestación de Dios en nuestra propia vida. Y, en la medida que lo alabemos y nos entreguemos a Él, nos concederá la victoria en nuestras propias batallas. -Gloria Teresa
“¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!” –Salmos 42:5

