No te detengas

No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.  

No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.

No te mires con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.

No pienses en lo largo que es el camino de tu transformación, sino en cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que seas.

No confíes en tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.

No trates que otros cambien; se tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar tú.

Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Solo contempla la meta y no veas que tan difícil es alcanzarla.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.

No sufras por lo que viene, recuerda que «cada día tiene su propio afán» (Mt. 6:34).

Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.

No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.

Si algún día te sientes cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus fuerzas.

Si algún día te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que sólo Jesús es el Mesías.

Si te sientes atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su Espíritu.

Si reaccionas ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a responder en lugar de reaccionar.

Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

Si necesitas tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a Dios y confía en su poder y en su amor por ti.

Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en tí como en algo precioso, eres un hijo de Dios.

Piensa que Él está más interesado que tú en que te conviertas en esa creación que El pensó desde toda la Eternidad.

-Anónimo

Declaración Diaria – Septiembre 29: “Respiro”

En nuestra mente, hay sitios donde predominan trincheras, lugares donde nos refugiamos frente al continuo bombardeo de los problemas que a diario nos aquejan y en donde hay un respiro. –Luis Gabriel Carrillo Navas

El respiro es el alivio que se siente luego de una aflicción, preocupación, o de una sobrecarga emocional fuerte. Estar continuamente repitiendo ‘no tengo tiempo para nada’, ‘no puedo con todo’, ‘tengo que esto, tengo que lo otro’, estar pensando en lo próximo que tenemos que hacer, cuando no hemos terminado lo primero, son señales de que estamos cargados de ansiedad y estrés, viviendo una vida muy acelerada. Necesitamos un respiro, observar qué estamos haciendo incorrectamente y modificar nuestros hábitos, bajar la velocidad y hacer una pausa en nuestro diario vivir. Sobretodo debemos organizarnos, establecer prioridades, ver qué cosas debemos hacer primero, cuales podemos dejar para luego y en cuales podemos solicitar ayuda. Muchas veces nos cargamos con cosas que pueden hacer otras personas, nos lo echamos todo encima. Solo podemos hacer una cosa a la vez, has un alto, respira profundamente, entre tarea y tarea toma pequeños descansos, aprende a relajarte, no es imposible ni difícil, es cuestión de aprender. Aprender a sacar tiempo para cada cosa, porque si te pones a pensar que el tiempo no te alcanzará para todo lo que tienes que hacer, no tendrás tiempo para nada. -Gloria Teresa

“Pero ahora, Señor nuestro Dios, tú has sido bueno con nosotros. Nos has dejado escapar del cautiverio y nos has dado un sitio seguro en tu santuario. Nos has concedido un respiro en nuestra esclavitud y nos has dado una nueva esperanza”. –Esdras 9:8