Lola la Soñadora

Esta es la historia de Lola, una chica de pueblo que soñaba con ser ‘alguien’[1].

Lola la soñadora, la que sueña con su príncipe azul de carne y hueso. La que sueña con cambiar el mundo. La que regala amor y anhela recibirlo a cambio. La de los labios rojos y  la sonrisa a flor de piel. La de corazón gigante.

Lola la que supera todo obstáculo. La que afronta cada situación con fe y esperanza porque confía en Dios sobre todas las cosas. La que sobrepasa toda crítica porque aprendió en el camino que es una persona importante, y sabe que ella vale más por lo que es, que por la percepción que tengan de ella los demás. La que va de frente y valora sobretodo la honestidad y lealtad en la verdadera amistad.

Lola ya no es la chica que creció en un pueblo. Ahora es mucho más porque trascendió, extendió su mirada mucho más allá del horizonte y siguió su estrella. Aún es la que sigue soñando porque es de las personas que creen que los sueños no tienen límites ni fecha de caducidad. Y pese a que no se han cumplido todos sus deseos, es feliz, porque aunque no tiene todo lo que quiere, tiene todo lo que ama y necesita.

Lola no ha perdido la ilusión ni la esperanza, todavía sigue el rumbo de su estrella, persiguiendo sueños y creyendo en ellos.

Gloria Teresa Torres©

[1] Una persona importante.

Imagen: Pixabay

Bambú Japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año en un periodo de seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros. ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, «en tanto no bajemos los brazos» ni abandonemos por no «ver» el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando esté al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizás sólo estés echando raíces…

Autor Desconocido

 

 

Imagen: Pixabay