No hay peor ciego que aquel que no quiere ver

Nuestros ojos no sólo están abiertos a ver cosas, literalmente hablando. El evangelio de Mateo, capítulo 9, versículo 30, “Y los ojos de ellos fueron abiertos” (RV1960), se refiere a uno de los milagros que hizo Jesús cuando hizo ver a los ciegos.

Leemos esta Palabra y la podemos aplicar o llevar al plano espiritual y preguntarnos: ¿Tenemos nuestros ojos abiertos a la Fe? ¿Podemos ver lo que Dios quiere para nosotros? ¿Dejamos entrar a Jesús a nuestras vidas para que pueda abrir nuestros ojos a la Fe y a la Gracia que Él mismo nos regala?

Muchas veces se presentan a nuestras vidas situaciones buenas o malas y personas con algún propósito, para que podamos ver o discernir qué debemos hacer o no; hacia dónde debemos dirigirnos o no; o hacia dónde debemos mirar o no.

Dios no castiga a nadie ni nos envía cosas malas. Él sí permite, a veces, que atravesemos por dificultades estando Él mismo con nosotros, ayudándonos y  dirigiéndonos en todo momento, porque desea que VEAMOS el camino a seguir, porque ÉL ES EL CAMINO.

Con nuestros ojos físicos podemos ver toda la belleza que hay a nuestro alrededor. Abramos también nuestros ojos del alma, para así poder ver aquellas cosas que el Señor quiere que veamos, aquello que Él nos quiere revelar. Asimismo, nosotros también podremos decir: “Y nuestros ojos también fueron abiertos”.

Porque “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”.

Gloria Teresa Torres

 

Mi árbol y yo

Nos hemos hecho amigos y en la distancia nos observamos. Quién sabe cuánto dure nuestra amistad. Se quedó tan solo y triste al comienzo del otoño que no supe cómo consolarlo…

Hoy le he vuelto a observar, es más alto que yo, erguido y vestido con sus mejores galas ha recibido a la primavera, hasta tiene otro color, se nota que es feliz a su manera.

Me he decidido a abrazarlo, a que me deje estar a su lado, que no sienta que lo ignoro, que sepa que entiendo sus sentimientos en cada estación del año.

Asimismo he bajado, le he sonreído hasta llegar a su lado… Miré lo alto que era, lo joven, sentí el bien que me hace su presencia.

Le di un abrazo gigante lleno de amor, no llegaban mis brazos a todo su cuerpo, había crecido mucho en el transcurso del año.

Así quedé por un largo rato, él tan inmóvil, tan altivo, tan sutil como elegante, me dejó que me llenará de la energía que emanaba, de su magia, de su alta copa, de todo lo que de lejos a cada rato me gustaba, tenía un no se qué, su sombra.

Supe lo bien que me hacía verlo cada mañana, observarnos desde lejos, primavera, verano, otoño e invierno… Así pasaron los años, de amigos a compañeros, a protegernos en silencio, nuestra paz no fue buscada, se hicieron socias.

Seguro que hoy estará esperando para que siga observando que llegaron nuestras vecinas, esas locas golondrinas, que sus ramas son más altas y las raices profundas…

Sí, mi amistad es fuerte y duradera, seguiré estando contigo… Mi árbol me ha saludado y yo le he sonreído.

Macarena Crespo

Caridad

La caridad entra por casa, es una expresión que aprendí desde pequeña y que también la hice mía. Algunas personas hacen la caridad descuidando su hogar y a su familia. Es importante ayudar a los demás, mas debemos practicar la caridad primero desde el hogar, para luego poder llevarla a otros. Si bien es cierto que debemos amar al prójimo y ayudarle en todo lo que podamos, no podemos dar de lo que no tenemos. Si en nuestros hogares no hay amor, comprensión, paz, respeto, apoyo y el deseo auténtico de ayudarse entre si, no podremos ejercer bien la virtud de la caridad. Al practicarla, debemos hacerlo por amor al prójimo y porque nos llena de regocijo, no por quedar bien con la sociedad o por obtener reconocimiento. Practica a hacer la caridad comenzando por pequeños actos, un saludo, una sonrisa, una llamada, expresa tu amor, cariño o admiración por otra persona, escucha a quien precisa ser escuchado y anima al que lo necesita, extiende una mano en lo que puedas. Y lo más importante, haz el bien sin mirar a quien. Esa persona que un día te lastimó, algún día necesitará de ti, devuelve bien por mal, demuestra de qué estás hecho, créeme que en el proceso podrás perdonar y sentirás paz.  

Gloria Teresa