Nos hemos hecho amigos y en la distancia nos observamos. Quién sabe cuánto dure nuestra amistad. Se quedó tan solo y triste al comienzo del otoño que no supe cómo consolarlo…
Hoy le he vuelto a observar, es más alto que yo, erguido y vestido con sus mejores galas ha recibido a la primavera, hasta tiene otro color, se nota que es feliz a su manera.
Me he decidido a abrazarlo, a que me deje estar a su lado, que no sienta que lo ignoro, que sepa que entiendo sus sentimientos en cada estación del año.
Asimismo he bajado, le he sonreído hasta llegar a su lado… Miré lo alto que era, lo joven, sentí el bien que me hace su presencia.
Le di un abrazo gigante lleno de amor, no llegaban mis brazos a todo su cuerpo, había crecido mucho en el transcurso del año.
Así quedé por un largo rato, él tan inmóvil, tan altivo, tan sutil como elegante, me dejó que me llenará de la energía que emanaba, de su magia, de su alta copa, de todo lo que de lejos a cada rato me gustaba, tenía un no se qué, su sombra.
Supe lo bien que me hacía verlo cada mañana, observarnos desde lejos, primavera, verano, otoño e invierno… Así pasaron los años, de amigos a compañeros, a protegernos en silencio, nuestra paz no fue buscada, se hicieron socias.
Seguro que hoy estará esperando para que siga observando que llegaron nuestras vecinas, esas locas golondrinas, que sus ramas son más altas y las raices profundas…
Sí, mi amistad es fuerte y duradera, seguiré estando contigo… Mi árbol me ha saludado y yo le he sonreído.
Macarena Crespo

