Puertas que vieron nacer esperanzas renovadas, Puertas que vieron caer tardes en rojo bañadas Puertas que vieron pasar tormenta de almas cansadas Puertas que vieron volar ilusiones con el ala quebrada. Puertas que oyeron el canto de mil voces engarzadas, Puertas que oyeron murmullo de lenguas desvergonzadas Puertas que oyeron quejidos de dolor y placer mezclados, Puertas que oyeron confesos amantes en secreto entrelazados. Puertas con alma de niños, inocentes, cristalinos, Puertas del amor de madre, con infinitos caminos Puertas a la vida eterna que Dios quiso regalarnos, Puertas que nunca miramos, antes de despedazarnos. Riccardo Daniel Fernández


