Si puedo evitar que un corazón sufra, no viviré en vano; si puedo aliviar el dolor en una vida, o sanar una herida o ayudar a un petirrojo desmayado a encontrar su nido, no viviré en vano. –Emily Dickinson
El alivio es esa sensación de placer que sentimos cuando todo nos sale bien, cuando nos desahogamos, cuando nos libramos de una carga muy pesada, cuando podemos perdonar, o cuando resolvemos un problema que nos agobia. Hay muchas cosas más por las cuales podemos sentirnos agobiados y todas son una carga emocional muy fuerte. La carga emocional, si la vamos a comparar, podríamos decir que es como una gran piedra que cae sobre nosotros, y en la medida que el tiempo pasa y no podemos manejar algún problema, esta piedra va creciendo más y más. El dolor emocional, que puede ser tan o más fuerte que el físico, también puede aliviarse. Somos nosotros mismos los primeros que debemos procurar recuperarnos, somos seres resilientes, tenemos la capacidad de levantarnos y reponernos después de cada prueba. Poseemos dentro de nosotros las herramientas y las fuerzas necesarias para liberarnos del enorme peso de esa piedra que nos arropa. Con fuerza de voluntad, mente y actitud positiva, con la ayuda de familiares y amigos de confianza, o ayuda de profesionales si es que no puedes solo. La carga emocional también produce desgaste físico, por lo que además debemos descansar, irnos de viaje a un lugar en contacto con la naturaleza, tomarnos un tiempo solo para nosotros, para poder pensar con claridad o meditar. Asimismo, ayudar a aliviar el dolor de otro es la mejor medicina para aliviar tu propio dolor. -Gloria Teresa
“Porque Él hiere, pero venda la herida; golpea, pero trae alivio”. –Job 5:18