Bambú Japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año en un periodo de seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros. ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, «en tanto no bajemos los brazos» ni abandonemos por no «ver» el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando esté al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizás sólo estés echando raíces…

Autor Desconocido

 

 

Imagen: Pixabay

Reflexión: Para el Pedro Gaviota que todos somos

Declaración Diaria – Julio 27: “Crecimiento”

Encontramos la comodidad entre quienes están de acuerdo con nosotros; el crecimiento entre los que no. -Frank A. Clark

Crecemos de varias maneras, física, intelectual y personalmente. El crecimiento físico tiene que ver con el desarrollo corporal y la alimentación, el intelectual lo vamos fortaleciendo mediante el aprendizaje, y el personal, de acuerdo a nuestras experiencias de vida. Nunca paramos de crecer, ya que, aunque por una parte el crecimiento físico se detiene a partir de cierta edad, y el intelectual/personal se dificulta para algunos individuos que sufren de impedimentos mentales, demencias y Alzheimer, el desarrollo personal para personas normales es una carrera de vida. Una carrera llena de aprendizajes, obstáculos, vivencias, y experiencias, buenas y malas, que nos ayudan a crecer y a ser mejores seres humanos cada día.

“Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A Él sea la gloria ahora y para siempre! Amén”. –2 Pedro 3:18

Gloria Teresa

Declaración Diaria – Julio 12: «Disciplina»

La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella le lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón. –Madre Teresa De Calcuta

La disciplina es un valor que se adquiere a través de los padres y la crianza, mediante el modelaje y la educación en el hogar, formando buenos hábitos. Del mismo modo también puede ser aprendida. Me refiero a la disciplina, no como castigo, sino como educación. La persona disciplinada es asertiva, responsable, ordenada, organizada, eficaz, comprometida, productiva, persistente, lo cual le garantiza óptimos resultados a la hora de alcanzar sus metas y sueños. ¿Tienes alguna meta a corto o a largo plazo, que por más que has tratado, aún no has podido concretar?. Como mencioné antes, también se aprende a ser disciplinado. Haz un inventario de tus fortalezas y debilidades, todos contamos con ellas. Con fuerza de voluntad, una actitud positiva y persistencia, lo podrás lograr. Un paso a la vez, quizás te tome más tiempo del que piensas, no desistas. No te enfoques en las piedras que encontrarás en el camino que te llevará a tu meta, al contrario, recréate con el hermoso paisaje que el mismo camino te muestra.

“Para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia”. –Proverbios 1:2

Gloria Teresa

¿Cuándo Tú Creces?

 

Tú creces…

Cuando no ha vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fé.

Cuando aceptas la realidad y tienes el aplomo de vivirla.

Cuando aceptas el amor y tienes el valor de sostenerlo.

Cuando te aceptas como eres, pero tienes la voluntad de trabajar para cambiarlo.

Cuando asimilas tu pasado, construyes tu presente y proyectas tu futuro.

Cuando te superas, te valoras y sabes dar fruto.

Cuando abres camino, dejas huellas, asimilas experiencias… ¡y siembras raíces!

Cuando te impones metas, sin importarte comentarios ni prejuicios.

Cuando das ejemplo, sin importarte burlas ni desdenes.

Cuando cumples con tu deber sin importarte otros criterios y otros pareceres.

Cuando eres fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento… ¡y humano por nacimiento!

Cuando enfrentas el invierno, aunque pierdas las hojas.

Cuando recoges flores aunque tengan espinas y marcas camino aunque se levante el polvo.

Cuando eres capaz de afianzarte con residuos de ilusiones. Capaz de perfumarte con residuos de flores… ¡y de encenderte con residuos de amor!

Cuando ayudas a tus semejantes, conociéndote a ti mismo y dándole a la vida más de lo que recibes.

Cuando te plantas para no retroceder… cuanto te defiendes como águila para no dejar de volar… cuando te asientas como ancla y te iluminas como estrella.

 

Por Zenaida Bacardí de Argamasilla

 

 

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