Alivio

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El alivio es esa sensación de placer que sentimos cuando todo nos sale bien, cuando nos desahogamos, cuando nos libramos de una carga muy pesada, cuando podemos perdonar, o cuando resolvemos un problema que nos agobia. Hay muchas cosas más por las cuales podemos sentirnos agobiados y todas son una carga emocional muy fuerte. La carga emocional, si la vamos a comparar, podríamos decir que es como una gran piedra que cae sobre nosotros, y en la medida que el tiempo pasa y no podemos manejar algún problema, esta piedra va creciendo más y más. El dolor emocional, que puede ser tan o más fuerte que el físico, también puede aliviarse. Somos nosotros mismos los primeros que debemos procurar recuperarnos, somos seres resilientes, tenemos la capacidad de levantarnos y reponernos después de cada prueba. Poseemos dentro de nosotros las herramientas y las fuerzas necesarias para liberarnos del enorme peso de esa piedra que nos arropa. Con fuerza de voluntad, mente y actitud positiva, con la ayuda de familiares y amigos de confianza, o ayuda de profesionales si es que no puedes solo. La carga emocional también produce desgaste físico, por lo que además debemos descansar, irnos de viaje a un lugar en contacto con la naturaleza, tomarnos un tiempo solo para nosotros, para poder pensar con claridad o meditar. Asimismo, ayudar a aliviar el dolor de otro es la mejor medicina para aliviar tu propio dolor. 

Gloria Teresa

Recibir

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¿Has escuchado la frase, ‘lo que das recibes’?. La vida es un reflejo de nuestras acciones, por lo tanto, hay que saber dar para saber recibir. Es evidente que no podemos dar lo que no tenemos, mas si no nos gusta lo que recibimos, debemos hacer un autoexamen y ver que cosa no estamos haciendo bien y tratar de mejorar. Si deseas que la vida te sonría, se tu el primero en ofrecer sonrisas, amor, paz, alegría, perdón y todo lo bueno que puedas regalar, y que luego te regresará de vuelta. Todo se aprende en este mundo, somos aptos para aprender a mejorar nuestra actitud. Lo primero que debemos cultivar es el ser agradecidos, con una buena actitud todo nos irá mucho mejor. 

Gloria Teresa

Libertad

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Seamos libres como las gaviotas, ellas representan el ideal de independencia y libertad. Además de vivir cerca del mar, son capaces de subsistir en zonas interiores próximas a lagos y ríos. Tienen una gran capacidad de adaptación ante giros inesperados de la vida. También sirven de guía para los marineros que regresan a su casa en ciudades y pueblos cercas del mar. Todos llevamos dentro un Juan Salvador Gaviota que nos dice, ‘volemos alto, somos libres de ir donde queramos y de ser lo que somos, lo que necesitamos es seguir encontrándonos a nosotros mismos, un poco más cada día…’

Gloria Teresa

Enseñanza

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El legado que dejamos es la manera en que impactamos a otros seres humanos con nuestro ejemplo. De igual manera somos tocados por otras personas que van dejando una marca en nuestras vidas. La vida, a su vez, va dejando su rastro y se dice que es la mejor escuela, pues a través de ella vamos adquiriendo experiencia. La enseñanza va de la mano del aprendizaje y cada día aprendemos algo nuevo. Por medio de la enseñanza transmitimos conocimiento, hábitos, experiencias y creencias, nos convertimos en un modelo a seguir. ¿Cuál es el legado que queremos transmitir? Me parece que la mejor herencia es incitar con nuestro buen ejemplo, especialmente a nuestros hijos, la enseñanza a través de nuestros valores. Enseñémosle el valor de la amistad, la comprensión y el ser solidarios, a desarrollar paciencia y tolerancia, el respeto, pero sobretodo el amor al prójimo, en el amor se resume todo lo demás. -Gloria Teresa

Entonces vendrá la Paz

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Si crees que la sonrisa tiene más fuerza que las armas,
si crees en el poder de una mano abierta,
si crees que lo que une a los hombres es más que lo que los separa,
si crees que el hecho de ser diferente es una riqueza y no un peligro,
¡entonces vendrá la paz!

Si sabes mirar al otro con un poco de amor,
si prefieres la esperanza a la sospecha,
si piensas que tú eres el que tiene que dar el primer paso en lugar del otro,
si el llanto de un bebe es aun capaz de estremecerte,
¡entonces vendrá la paz!

Si puedes sentir alegría con el éxito de tu vecino,
si crees que el perdón puede más que la venganza,
si eres capaz de dar tu tiempo gratuitamente por amor,
si para ti el otro es sobre todo un hermano,
¡entonces vendrá la paz!

Si sabes aceptar las críticas,
si te resistes a echar la culpa de todo a los demás,
si prefieres que te hagan daño antes que hacerlo,
si rechazas la idea de que eres indispensable,
¡entonces vendrá la paz!

Autor Desconocido

¿Crecemos?

En el sendero de tu vida, si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece al aceptar la realidad y al tener el aplomo de vivirla. Crece cuando acepta su destino, y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando y aprendiendo de lo que deja detrás… construyendo y proyectando lo que tiene por delante. Crece cuando se supera, se valora, y da frutos. Cuando abre caminos dejando huellas, asimilando experiencias. ¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes. Cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento. ¡Y humano por nacimiento! Cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas, recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante
el polvo.

Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe. Uno crece cuando se planta para no retroceder y cuando se defiende como águila para no dejar de volar. Cuando se clava como ancla en el mar y se ilumina como una estrella.

Joseph Falcky

 

 

 

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Lola la Soñadora

Esta es la historia de Lola, una chica de pueblo que soñaba con ser ‘alguien’[1].

Lola la soñadora, la que sueña con su príncipe azul de carne y hueso. La que sueña con cambiar el mundo. La que regala amor y anhela recibirlo a cambio. La de los labios rojos y  la sonrisa a flor de piel. La de corazón gigante.

Lola la que supera todo obstáculo. La que afronta cada situación con fe y esperanza porque confía en Dios sobre todas las cosas. La que sobrepasa toda crítica porque aprendió en el camino que es una persona importante, y sabe que ella vale más por lo que es, que por la percepción que tengan de ella los demás. La que va de frente y valora sobretodo la honestidad y lealtad en la verdadera amistad.

Lola ya no es la chica que creció en un pueblo. Ahora es mucho más porque trascendió, extendió su mirada mucho más allá del horizonte y siguió su estrella. Aún es la que sigue soñando porque es de las personas que creen que los sueños no tienen límites ni fecha de caducidad. Y pese a que no se han cumplido todos sus deseos, es feliz, porque aunque no tiene todo lo que quiere, tiene todo lo que ama y necesita.

Lola no ha perdido la ilusión ni la esperanza, todavía sigue el rumbo de su estrella, persiguiendo sueños y creyendo en ellos.

Gloria Teresa Torres©

[1] Una persona importante.

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Bambú Japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año en un periodo de seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros. ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, «en tanto no bajemos los brazos» ni abandonemos por no «ver» el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando esté al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizás sólo estés echando raíces…

Autor Desconocido

 

 

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