La satisfacción de alcanzar metas y sueños

Nunca dejes de soñar

Erase una vez, una niña que quería ser princesa y creció con ese sueño. En su adolescencia temprana se interesó por leer revistas en donde salieran entrevistas e historias de princesas y reinas reales. Inspirándose en la historia de amor de los ahora reyes de Suecia(1), pensó que cuando le tocara ir a la universidad, podría escoger ir a una facultad en una universidad europea, así se le haría más fácil encontrar a su príncipe de sangre azul. Pero el tiempo pasó y fue conociendo realmente que las princesas no son en realidad todo lo que veía en las películas románticas. Aprendió que son personas iguales a todas las demás, con virtudes y defectos, alegrías y sinsabores, con fracasos y tropiezos. Y comprendió finalmente que ese sueño no estaba destinado para ella. No obstante, continuó siendo muy fanática de la realeza y estando al tanto de los últimos acontecimientos.

La niña ya convertida en una chica adolescente mayor, soñaba con viajar por todo el mundo. Pensó que la manera de lograrlo sería convirtiéndose en aeromoza o modelo a nivel internacional. Así podría viajar a los lugares que había soñado y poder conocer a personas de otros países y culturas. Para ese tiempo, las azafatas eran consideradas modelos del aire, por su glamour y porte elegante, por eso estaba interesada en estudiar las dos disciplinas a la vez. Pero su padre se opuso y el respeto que se le profesaba a los padres para esa época era muy grande. Ella entonces optó por cursar una carrera universitaria en idiomas y así poder conseguir lo que deseaba, viajar por el mundo y conocer otras culturas. Después de terminar su bachillerato en idiomas en la universidad, se iría a estudiar una maestría en Francia o Italia. El tiempo pasó y por vueltas que da la vida, finalmente comprendió que el sueño de ser asistente de vuelo y modelo no estaba destinado para ella.

La chica adolescente se transformó en una mujer joven que aún tenía sueños, que ya había madurado y por lo tanto soñaba con los pies en la tierra. Había reconocido que lo que no había podido lograr era porque no estaba en su camino. Era agradecida, pero no conformista, siempre buscaba la manera de superarse y cuando se sentía estancada, buscaba la manera de movilizarse. Desde que se graduó de la universidad, otro de sus sueños fue completar una maestría. No pudo hacerla enseguida que se graduó, sin embargo, lo hizo unos cuantos años después. Esta vez logró su sueño, y estaba tan feliz, no solo por completar esa meta que se había trazado, sino también por su madre (que era viuda), porque asimismo ella se sentiría orgullosa y muy feliz. Se esforzó por lograrlo, se fijó esa meta y se visualizó llegando a ella victoriosamente. Y se dio cuenta de que ese sueño sí estaba destinado para ella. Sintió como si se hubiese trazado un camino por el que ella transitaría. Y no sólo se graduó con excelente promedio académico, sino que también fue una de las pocas personas en pasar la reválida en su campo, ese año en el primer intento. Más allá de lograr su grado de maestría, el deseo de esta joven mujer era poder ayudar a otras personas. Impulsarles a descubrir sus fortalezas, a manejar sus emociones, a brindarles estrategias para resolver conflictos, a motivarles y empoderarles positivamente, de acuerdo a la preparación en la cual se había capacitado. No obstante del éxito en sus estudios, su preparación, sus excelentes calificaciones, su grado y licencia otorgados, no ejerció completamente en lo que se capacitó.

Unos sueños sí se cumplen, otros no, pero no es porque no hayamos hecho todo el esfuerzo posible. A veces no está del todo en nuestras manos poder lograrlos, porque no depende exclusivamente de nosotros mismos. O porque no estaba destinado para nosotros, o quizás porque no nos convenía. Como ya sabemos, Dios obra por caminos misteriosos, y cuando nos cierra un camino, Él mismo abre otras puertas y llegan otros sueños y otras oportunidades. La protagonista de este relato no se fue a viajar el mundo ni mucho menos a buscar un príncipe azul, algo de lo cual ha estado agradecida. Ella sí encontró su príncipe de la vida real. Aunque no ha viajado a todos los lugares que ha soñado, le encantan los aviones y se siente complacida de haber tenido la oportunidad de viajar muchas veces y de sentirse bien y feliz en las alturas. Y pese a que no haya podido auxiliar o asistir a otras personas presencialmente, no quiere decir que el deseo y el sueño de ayudar a los demás no se haya cumplido. Ella está segura que por medio se sus escritos, reflexiones, frases, relatos y poemas, puede llegar a otros y en cierto modo llevarles a reflexionar o a sentirse mejor en un momento difícil, de crisis o de algún problema emocional. Ella aún sigue soñando y sí ha conquistado otros anhelos. Se encuentra satisfecha, plena, tranquila y feliz con lo que ha logrado y con lo que tiene. No cambiaría por nada del mundo su vida como ha sido hasta ahora, la familia que tiene y lo que le ha tocado vivir.

Por eso te digo, no desistas, no pierdas la esperanza y nunca dejes de soñar, porque también es feliz quien no ha podido cumplir alguno de sus sueños.

Gloria Teresa Torres ©️


\Notas finales:

(1) Historia de amor de los Reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia – el heredero al trono casado con una plebeya. Leer en el siguiente enlace: 45 años de la boda de Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, la ‘dancing queen’ original | Vanity Fair (revistavanityfair.es)

¿A dónde fue tu sueño niña?

¿A dónde fue ese sueño,
ese que de niña tuvo?
Quedó varado en la espera,
y en el tiempo se detuvo.

¿Le pareció inalcanzable?,
quizás se frustró en el intento.
Tal vez se llenó de dudas,
y se convirtió en lamento.

Tu sueño no ha muerto niña,
se fue a dar un paseo.
En tu ser está vagando,
lleno de ardor y deseo.

Búscalo dentro de ti,
persíguelo hasta alcanzarlo.
Cree en ti, se valiente,
si deseas realizarlo.

Los sueños nunca caducan,
hay que mantenerlos vivos.
Nutrirlos con esperanzas,
y que no queden cautivos.

Gloria Teresa©
11/06/2020

Imagen de Google

¿Crecemos?

En el sendero de tu vida, si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece al aceptar la realidad y al tener el aplomo de vivirla. Crece cuando acepta su destino, y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando y aprendiendo de lo que deja detrás… construyendo y proyectando lo que tiene por delante. Crece cuando se supera, se valora, y da frutos. Cuando abre caminos dejando huellas, asimilando experiencias. ¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes. Cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento. ¡Y humano por nacimiento! Cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas, recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante
el polvo.

Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe. Uno crece cuando se planta para no retroceder y cuando se defiende como águila para no dejar de volar. Cuando se clava como ancla en el mar y se ilumina como una estrella.

Joseph Falcky

 

 

 

Imagen: Pixabay

Lola la Soñadora

Esta es la historia de Lola, una chica de pueblo que soñaba con ser ‘alguien’[1].

Lola la soñadora, la que sueña con su príncipe azul de carne y hueso. La que sueña con cambiar el mundo. La que regala amor y anhela recibirlo a cambio. La de los labios rojos y  la sonrisa a flor de piel. La de corazón gigante.

Lola la que supera todo obstáculo. La que afronta cada situación con fe y esperanza porque confía en Dios sobre todas las cosas. La que sobrepasa toda crítica porque aprendió en el camino que es una persona importante, y sabe que ella vale más por lo que es, que por la percepción que tengan de ella los demás. La que va de frente y valora sobretodo la honestidad y lealtad en la verdadera amistad.

Lola ya no es la chica que creció en un pueblo. Ahora es mucho más porque trascendió, extendió su mirada mucho más allá del horizonte y siguió su estrella. Aún es la que sigue soñando porque es de las personas que creen que los sueños no tienen límites ni fecha de caducidad. Y pese a que no se han cumplido todos sus deseos, es feliz, porque aunque no tiene todo lo que quiere, tiene todo lo que ama y necesita.

Lola no ha perdido la ilusión ni la esperanza, todavía sigue el rumbo de su estrella, persiguiendo sueños y creyendo en ellos.

Gloria Teresa Torres©

[1] Una persona importante.

Imagen: Pixabay