Esta es la historia de Lola, una chica de pueblo que soñaba con ser ‘alguien’[1].
Lola la soñadora, la que sueña con su príncipe azul de carne y hueso. La que sueña con cambiar el mundo. La que regala amor y anhela recibirlo a cambio. La de los labios rojos y la sonrisa a flor de piel. La de corazón gigante.
Lola la que supera todo obstáculo. La que afronta cada situación con fe y esperanza porque confía en Dios sobre todas las cosas. La que sobrepasa toda crítica porque aprendió en el camino que es una persona importante, y sabe que ella vale más por lo que es, que por la percepción que tengan de ella los demás. La que va de frente y valora sobretodo la honestidad y lealtad en la verdadera amistad.
Lola ya no es la chica que creció en un pueblo. Ahora es mucho más porque trascendió, extendió su mirada mucho más allá del horizonte y siguió su estrella. Aún es la que sigue soñando porque es de las personas que creen que los sueños no tienen límites ni fecha de caducidad. Y pese a que no se han cumplido todos sus deseos, es feliz, porque aunque no tiene todo lo que quiere, tiene todo lo que ama y necesita.
Lola no ha perdido la ilusión ni la esperanza, todavía sigue el rumbo de su estrella, persiguiendo sueños y creyendo en ellos.
Gloria Teresa Torres©
[1] Una persona importante.
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