Un gigante llamado miedo al fracaso

Muchas veces a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos con situaciones las cuales nos hacen ceder ante el miedo a fracasar, o a lo que otras personas puedan decir o pensar de nuestras acciones.  Esta reacción de nuestra parte puede surgir debido a varios componentes de nuestra personalidad, tales como la autoestima o el auto concepto.  O bien, a factores externos como  la forma de crianza o el medioambiente.  Estos factores pueden producirse aisladamente, o pueden interactuar todos entre sí, llevándonos a formar un juicio sobre nuestras capacidades; lo que puede provocar un resultado positivo o negativo, según sea el caso.  A continuación, definiré a manera general lo que es la autoestima y el auto-concepto, para que podamos identificar con claridad nuestra área de mayor necesidad.

La autoestima es la confianza que tenemos en nosotros mismos, en nuestras capacidades y opiniones, sin preocuparnos excesivamente por la opinión de los demás.  Cuando permitimos que nos hieran o nos humillen, y dejamos que la opinión de los demás tome valor sobre la nuestra, dejando a otros decidir por nosotros mismos, ésto es lo que denominamos autoestima baja, nuestra autoestima esta quebrantada.  Pensamos que no somos capaces de tomar decisiones, de emprender algún proyecto o alcanzar una meta. Sentimos temor a fracasar y que otros lo sepan, y si nos critican se nos cae el mundo encima.  El auto-concepto es lo que pensamos de nosotros mismos. Usualmente está interrelacionado con la autoestima. Si tenemos la autoestima baja llegamos a creer que lo nuestro no tiene valor, por lo tanto tendremos también un auto-concepto negativo.

¿Cómo están relacionados estos dos factores con nuestro tema?  Cuando tenemos la autoestima baja se afecta nuestro auto-concepto.  A su vez, los pensamientos que alojamos en nuestra mente, o la visión que formamos en ella, nos detienen y comenzamos a experimentar lo que llamamos miedo. El miedo es una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario (Diccionario de la Real Academia Española). La mayoría de las veces el miedo no es real, lo formamos nosotros mismos en nuestra mente. Sabemos que a veces podemos sentir miedo real, ante los desastres naturales, ante una enfermedad incurable, o frente a la criminalidad que nos arropa actualmente en nuestro país y en el mundo entero, por citar algunos ejemplos. El miedo imaginario se refiere a aquel juicio que formamos en nuestra mente antes de que sucedan eventos cotidianos, tales como buscar un empleo, cuando tenemos que hablar en público, o simplemente cuando deseamos realizar un sueño y nos paralizamos ante la idea de fracasar en el camino hacia la ejecución de mismo.

El miedo, mis queridos lectores, es un opulento gigante que nos ataca a diario a muchos de nosotros.  Nos embiste en aquella tarea que no nos atrevemos a realizar porque tememos fallar, en esa pregunta que no contestamos porque imaginamos que se burlarán de nosotros. Con este escrito no pretendo decirles que se armen de valor y le digan todo lo que piensan y sienten a todos los que se encuentren, ALTO no me malinterpreten. No me refiero a que si se sienten mal o están enojados con alguien pierdan el miedo y le expresen lo primero que les venga a la mente; debemos aprender a comunicarnos asertivamente. Antes de continuar debo explicarles que la asertividad es la capacidad o manera de comunicarse con otras personas sin reaccionar pasiva o agresivamente. Es lo que llamamos ‘saber decir las cosas’. La asertividad es necesaria para aprender a comunicarse sin miedo a lo que puedan decir o cómo puedan reaccionar otras personas. Como por ejemplo, cuando vamos a pedir un favor, a solicitar un aumento o una posición en nuestro empleo, o a vender algún producto y no nos atrevemos porque pensamos que no somos buenos para eso. 

Este gigante sobre el cual he desarrollado el tema se llama ‘miedo al fracaso’. Es el gigante que nace quizás de una autoestima u auto-concepto quebrantado. Es este gigante el que nos paraliza y nos aterroriza y nos deja estancados en el mismo lugar; el que no nos deja avanzar porque vemos que se nos tira encima y nos devora. Y corremos despavoridos sin detenernos a pensar cómo podemos derribarlo, ni con cuáles o cuántas herramientas contamos. Porque les cuento que todos poseemos herramientas muy valiosas que se llaman fortalezas. Al igual que tenemos debilidades también contamos con fortalezas, y éstas pueden ser mayores y no te has dado cuenta. Busca dentro de ti, examínate y las encontrarás, te sorprenderás y no sientas miedo al descubrirlo, al contrario, haz buen uso de ellas para tu beneficio y el de todos los que te rodean.    

Recordemos la historia de David y el gigante Goliat. No es un cuento de un muchacho con habilidades mágicas y un gigante, tampoco una historia de Disney. Esta fue una historia de la vida real. David no tenía grandes armas para vencer al super hombre, solamente una honda con cinco piedras, pero su fe en Dios fue más grande que todo. Y dijo David a Goliat:  “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que tú has desafiado. Ahora el Señor te entregará en mis manos” (I Samuel 17:45-46 NVI). ¿Con cuál de las piedras piensas que David venció?, sí con la piedra de la fe en Dios, con la certeza de que Dios no lo abandonaría. Con la confianza de que el Dios que lo había librado anteriormente del peligro, lo ayudaría nuevamente ya que él le había sido fiel.

Si necesitas ayuda para aprender a manejar el miedo, o cualquier otra emoción o sentimiento que te esté causando daño, busca la asistencia de un experto. Un psicólogo, un consejero o un coach, que sean profesionales y estén certificados o licenciados en su campo, te podrán auxiliar en el proceso de cambio que desees realizar mediante el uso de terapias, destrezas y técnicas especializadas. Algunos pastores y sacerdotes, no todos, también están capacitados en estas áreas. Si el pastor o sacerdote de la iglesia a la que acudes no lo está, entonces deben referite donde otro profesional que sí lo esté y sea de gran ayuda para ti.

¿Es normal sentir miedo? Es algo completamente normal porque somos seres humanos y podemos sentir toda clase de emociones. No existe la persona que no haya tenido miedo alguna vez o muchas veces en su vida. Y hasta cierto punto el miedo puede ser una señal, un aviso de que hay algún peligro o que algo no anda bien, especialmente cuando nos topamos con una situación desconocida. Sí, el miedo nos puede salvar y también nos puede llevar a cometer errores. Es como el estrés que todos sentimos, que nos puede afectar para bien o para mal según sea manejado. Algunas emociones como el miedo, la ansiedad, la tristeza, el coraje, etc., forman parte de nuestras vidas y es normal que las sintamos. Lo que no está bien es que se apoderen de nosotros y se haga un hábito el retenerlas en nuestras vidas.

No sientas miedo al fracaso, utiliza ese mismo miedo para impulsarte, si fallas una primera vez, revisa tus estrategias y tu arsenal de fortalezas, inténtalo nuevamente las veces que sea necesario. Porque no fracasa el que no lo logra, fracasa el que no lo intenta una y otra vez más.

Gloria Teresa

**Fecha original de publicación: 17 de marzo de 2012. Editado el 12 de mayo de 2022**

Preparación

Continuamente nos estamos preparando, entrenando, aprendiendo. Respiramos por instinto, sin embargo, aprendemos técnicas para hacerlo de la manera correcta. Oímos, no obstante, aprendemos a escuchar. Miramos, mas, aprendemos a ver. Nos desesperamos, aunque, aprendemos a esperar con paciencia. Asistimos a la escuela, a la universidad, nos capacitamos para diferentes profesiones, unas requieren más preparación que otras. Y así sucesivamente, desde el momento en que nacemos hasta que morimos, la vida en su totalidad es un aprendizaje constante.

Gloria Teresa

Actitud positiva

Decía Antoine De Saint Exupery: «El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas». Y es que la manera en la que afrontamos nuestro día a día tiene mucho que ver con la actitud. Cuando sucede algo, no es el suceso en si lo que desencadena nuestra respuesta al mismo. Al estar nuestras emociones envueltas, es la manera en que lo percibimos lo que marca la diferencia entre lo positivo o lo negativo. Por lo tanto, con una actitud positiva nos será más llevadero enfrentar las situaciones que surjan en el camino. No quiere decir que no habrá dificultades o que no hay que resolverlas, sin embargo, nos garantiza que podremos manejarlas mucho mejor.

Gloria Teresa

¿Qué hace a una persona ser extraordinaria?

Una persona extraordinaria es una persona fuera de lo común. No es un superhéroe porque no vuela, no es mágica y no tiene super poderes. Es alguien que inspira a los demás motivándoles a ser mejores cada día, y que da la milla extra. Son personas genuinas, sencillas, resilientes, con pasión, visionarias. Aceptan la vida como es, con los retos que se les presentan, mantienen una actitud positiva y son expertos en transformar las dificultades en oportunidades. Son capaces de autocriticarse, igualmente, de superarse a sí mismos muchas veces. Por lo general son líderes, sin embargo, pueden adaptarse muy bien al trabajo en equipo, estimulando a su vez a las otras personas envueltas en un mismo proyecto. A pesar de que no procuran quedar bien con todo el mundo, el amor por los demás es una gran cualidad que los distingue, son agradecidos y solidarios, ya que siempre están dispuestos a ayudar a otros y a buscar el bien común.

Gloria Teresa

Levantarse

Todos cometemos errores y también fracasamos una que otra vez, mas sin embargo, siempre tenemos la oportunidad de levantarnos y volver a comenzar. Lo primordial es no darnos por vencidos, intentarlo una y otra vez sin miedo a caer de nuevo. Una de las estrofas de la conocida oración de protección ‘La Coraza de San Patricio’ comienza de esta manera: “Me levanto hoy por medio de la fuerza de Dios que me conduce…” Solo Dios puede ayudarnos a levantar cuando nos caemos y no podemos hacerlo por nosotros mismos. Por lo tanto, cuando sientas que estás tocando fondo y no puedas alzar el vuelo con tus propias fuerzas, pídele al Señor que te levante. Él siempre estará dispuesto a hacerlo una y otra vez porque te ama más de lo que tú y yo podamos imaginar. -Gloria Teresa

 

 

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Bambú Japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año en un periodo de seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros. ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo.

De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, «en tanto no bajemos los brazos» ni abandonemos por no «ver» el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando esté al fin se materialice.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizás sólo estés echando raíces…

Autor Desconocido

 

 

Imagen: Pixabay